Cinco Cerseis en la historia medieval europea

Hace unos meses, presenté mi trabajo de fin de grado de Humanidades, titulado “De víctimas a verdugos: entre la misoginia medieval y el empoderamiento femenino en Juego de Tronos”. En él, dediqué un capítulo a analizar enteramente la figura de Cersei Lannister, por dos razones principalmente: la primera es que, además de ser mi personaje favorito de la saga, también me parece uno de los más interesantes desde el punto de vista psicosocial; la segunda tiene más que ver con que es una de las mujeres que mejor se pueden comparar con las reinas y princesas de la Edad Media europea.

Todo el mundo sabe lo que es Juego de Tronos. Pero no todos saben quién es Cersei. Por no hablar de que, seguramente, muchos se quedarán con la simplificada imagen de reina malvada y trastornada que se folla a su hermano. Pero yo me propongo en esta entrada demostrar que su desarrollo como personaje es uno de los más cautivadores que puedes encontrar a medida que vas avanzando en la serie. Es cierto que el protagonismo que George R.R. Martin le brinda a la Reina Madre en los libros de Canción de Hielo y Fuego es casi nulo. Podríamos decir que en las novelas permanece como uno de esos antagonistas a los que no merece la pena ni comprender y en cuyo lugar nunca puedes ponerte porque todo lo hace mal. Pero el guión de David Benioff y D.B. Weiss le otorga mayor complejidad, la pone al mismo nivel que otras mujeres de la saga como Sansa o Daenerys.

Puedes odiar a Cersei Lannister, puedes detestar todo lo que hace en contra de los principales protagonistas, puedes desear su muerte desde el primer capítulo hasta el último. Pero, si te paras a pensar en algunas escenas tan top protagonizadas por ella, como el camino de la vergüenza hasta la Fortaleza Roja o la voladura del Gran Septo de Baelor, te das cuenta de que todo en su personaje es arte.

En los últimos años, se han publicado numerosos estudios sobre la relación entre Juego de Tronos y la Edad Media. Algunos historiadores han apuntado que George R.R. Martin tomó como inspiración la Guerra de las Dos Rosas para escribir su novela, pero más que en su desarrollo, en sus contendientes: de esta forma, la casa Lannister se correspondería con los Lancaster, y los Stark con los York. De hecho, si uno se fija un poco, se da cuenta de que hay cierta similitud en los nombres y en los escudos de sus casas. Por otro lado, otro de los contextos históricos en los que se fijaría Martin sería la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. Una clara referencia a esos años de la historia de Europa la tenemos en el caso de Juana Shore, amante del rey Eduardo IV que fue condenada, tras la muerte de este, a vagar prácticamente desnuda por las calles de Londres. ¿Acaso no nos suena de algo su historia?

Es evidente que Cersei es mezquina, calculadora y desalmada. Hasta tal punto que uno se tiene que reafirmar una y otra vez en lo profundamente ficticio de su personaje. No obstante, mientras realizaba el trabajo, consideré curioso encontrar en nuestra historia algunos de esos ejemplos que se acercaran a Cersei y que hubieran podido servir de inspiración para crearla o para darle los matices de mujer singular entre hombres poderosos que la caracterizan. Allá vamos, pues, con las mujeres medievales que encontré.

Brunegilda (543 – 613)

Boda de Brunegilda y Sigiberto I en las Grandes Crónicas de Francia

Brunegilda fue una princesa visigoda del siglo VI que llegó a ser reina de Austrasia por matrimonio y regente tanto de sus hijos como de sus nietos. Nacida en Toledo en el año 543 d.C., se vio obligada a viajar al norte de Francia para contraer matrimonio con el rey merovingio Sigiberto I. En estas nupcias, algunos cortesanos la describían ya como «un deleite para su marido» o una joven «elegante en todo aquello que hacía, inmaculada y decorosa en su comportamiento».

La historia de Brunegilda se resume en que, una vez que el rey Sigiberto fue asesinado, huyó con sus tres hijos a París, donde tuvo que despedirse de su primogénito, Childeberto II, quien sería reconocido como legítimo rey por algunos nobles de Austrasia,.Esto le concedió más tarde a ella el derecho de convertirse en regente de este territorio hasta que su hijo pudiera gobernar. La muerte prematura de Childeberto II (a los veinticinco años) dio paso a un nuevo linaje, el de un Teodoberto II, que apenas seguía siendo un bebé. Ante esta situación, Brunegilda volvió a ser la consorte e incluso llegó a cuestionar la legitimidad de su nieto, al afirmar que se trataba de un hijo bastardo. De esta manera, continuó ostentando el trono hasta que una rebelión de la nobleza en 613 depuso a Brunegilda como reina y la entregó a Clotario II, quien pasaría a ser el unificador del Reino Franco desde ese año.

En este camino, creó lazos de afinidad y tuvo amoríos, galanteos y relaciones con importantes nobles de la región con el fin de hacer estallar conflictos con los que desviar la atención de los grandes poderes francos y disminuir los apoyos de sus rivales al trono. Pero lo realmente importante, más allá de los casi “diez reyes” a los que se dice que dio muerte (aunque sea una leyenda más que un hecho corroborado), es esto a lo que se refiere el profesor John Henry Clay:

que fuera capaz de dominar el escenario político durante tanto tiempo. Porque las reinas del siglo VI no poseían oficialmente un estatus constitucional, era imposible para ellas gobernar por derecho propio (…) Ella reinó primero en lugar de su hijo, y más tarde de sus nietos. Solo cuando intentó establecer una nueva generación fue cuando todo se derrumbó

Ana Comneno (1083 – 1153)

Detalle de Ana Comneno en un mosaico bizantino

Otra de esas mujeres cuya vida comparte algunos elementos con la de Cersei es Ana Comneno. La princesa bizantina, primogénita entre un total de nueve hermanos, vio peligrar su ascenso al trono en el momento en que nació el primer hijo varón de la familia. Por esta razón, pasó por unos años de madurez marcados por una fuerte frustración en los que intentó hacerse valer por todos los medios para que su padre, el gran Alejo I de Bizancio, reconsiderara cederle el trono. Al ver que todos sus intentos fueron en vano, decidió marchar por la vía prohibida y confabuló con su madre, la emperatriz Irene Ducas, para asesinar a Juan Comneno, el hermano que en un futuro ostentaría la corona.

Lamentablemente para ella, su marido confesó la traición que estaban maquinando al emperador, con lo que ella terminó siendo confinada junto a otra hermana y a su madre en un monasterio. Aun así, no cesó en sus empeños por dejar un legado a la historia de su civilización. En sus años de reclusión elaboró La Alexíada, una verdadera reivindicación de los logros de su padre que dejaban en muy mal lugar las acciones del ya por aquel entonces emperador Juan II. En el libro VI, habla de la relación de afecto y admiración que se profesaban:

Ojalá no hubiera tenido dependencia alguna de este amor hacia mi padre y hubiera sido libre para demostrar a través de esta rica temática qué bien responde mi irrefrenable elocuencia a las hermosas acciones. Pero el afecto natural oculta este deseo mío ante el temor a que la gente crea de algún modo que invento una sucesión de prodigios por el deseo de hablar acerca de mi familia. En efecto, si recordara con frecuencia las hazañas de mi padre, vertería gota a gota mi alma escribiendo…

La Alexíada, trad. y ed. Emilio Díaz Rolando, Universidad de Sevilla, 1989, Libro IV, VIII, p.229

Sus textos constatan el protagonismo que tuvo en una sociedad donde la escritura estaba reservada tan solo a los hombres. Tanto es así, que la propia Ana Comneno deja a un lado su rol femenino, lo que ella considera del ámbito privado del gineceo. Parece que, al ponerse a escribir, la princesa abandonara sus atributos y elementos de mujer, para convertirse en un cronista responsable de la gesta del rey Alejo I.

Sus textos constatan el protagonismo que tuvo en una sociedad donde la escritura estaba reservada tan solo a los hombres. Tanto es así, que la propia Ana Comneno deja a un lado su rol femenino, lo que ella considera del ámbito privado del gineceo. Parece que, al ponerse a escribir, la princesa abandonara sus atributos y elementos de mujer, para convertirse en un cronista responsable de la gesta del rey Alejo I.

Leonor de Aquitania (1122 – 1204)

Retrato de Frederyck Sandys (1858) en el que se ve a Leonor de Aquitania portando la copa de vino y el hilo rojo a su paso por el laberinto de Woodstock

«Jamás renunciarán a subestimarte, encárgate de que paguen por ello»

Es la cita con la que Eva García Sáenz de Urturi da comienzo a Aquitania, el libro que le ha valido el Premio Planeta de este año. En sus 416 páginas, cuenta la historia de Leonor de Aquitania, considerada como una de las mujeres más poderosas de la Edad Media. Eleanor, como se la conoce en el libro, nació en el ducado de Aquitania y con tan solo 15 años se unió en matrimonio al que sería rey de Francia, Luis VII. Tras años de desavenencias entre ambos -precisamente porque tuvo dos hijas y no consiguió darle al monarca descendientes hombres- y dos cruzadas a las que la propia duquesa de Aquitania tuvo que asistir, consiguió divorciarse argumentando un cuarto grado de consanguinidad con su marido.

Esto le permitió poner el foco en el reino tradicionalmente enemigo de Francia, por lo que finalmente se casó en segundas nupcias con Enrique II de Inglaterra. Con él tuvo un total de ocho hijos, entre los que se encuentran algunos personajes tan famosos como Ricardo Corazón de León o Juan Sin Tierra. A pesar de la numerosa estirpe, su segundo matrimonio no estuvo exento de infidelidades y problemas. Al descubrir a la amante del rey Enrique, Leonor decidió orquestar un complot contra este junto a tres de sus hijos, lo que en último término le supuso el encarcelamiento hasta la muerte de su marido en 1189. A partir de aquí, Leonor se dedicó a garantizar el lugar en el trono de sus hijos, de igual forma que Cersei lo haría tras la caída en desgracia de Robert Baratheon.

Más allá de lo estrictamente histórico, numerosas leyendas rodean a la figura de Leonor de Aquitania. Una de ellas cuenta que Enrique II construyó un pabellón de caza en Woodstock (condado de Oxfordshire) para el disfrute de su amante, Rosamunda Clifford, y que de la misma forma hizo levantar un laberinto para llegar hasta él, con el fin de que Leonor nunca descubriera el paradero de la amante. La duquesa de Aquitania finalmente consiguió cruzar el enredoso sendero gracias a un hilo rojo que iba soltando a medida que avanzaba. Como si de una Tesea enfurecida se tratara, se adentró rápidamente hasta llegar donde Rosamunda se encontraba, y allí le ofreció dos maneras de morir: o la daga o la copa de vino. La amante escogió la segunda opción y cayó envenenada.

Nunca sabremos la veracidad de esta historia, igual que la de muchos otros episodios de la vida de Leonor, como los abusos que sufrió por parte de sus maridos, las conocidas infidelidades que ella misma mantuvo en secreto o las penurias que debió vivir en el frente de las cruzadas. Lo que sí que podemos corroborar es que la figura que la tradición ha construido de ella se asemeja mucho a la imagen que tenemos de la reina Lannister.

Isabel de Francia (1292 – 1358)

Viaje de Isabel de Francia a Inglaterra en las Grandes Crónicas de Francia

El lado oscuro de Isabel de Francia es en el que notamos el mayor paralelo con Cersei, ya que en su vida aparecen episodios de asesinato e infidelidad, unidos al hecho de que terminara deshaciéndose de su marido. Era la hija del rey de Francia, Felipe IV, y se unió en matrimonio a los 14 años con Eduardo II de Inglaterra, con lo que se convirtió en reina consorte desde el 1308 hasta el 1358. La historia de su matrimonio es propia de la prensa rosa, puesto que desde el principio estuvo marcada por la relación que se cree que Eduardo II mantuvo a su vez con el conde de Cornualles, Piers Gaveston. Isabel fue numerosas veces humillada por “el otro”, así como por otros favoritos de su marido, entre los que figuraba también Hugo Le Despenser el Joven. También fue vejada por el propio rey, quien participó de estas humillaciones al mantenerles a todos ellos en posiciones mucho más importantes que la de la reina en la corte. Ante esta situación, ella desarrolló unas ansias de poder que, finalmente, quiso satisfacer.

Cabe señalar, antes de hablar sobre las acometidas que la reina llevó a cabo contra Eduardo II, que ella también mantuvo una relación amorosa con Sir Roger Mortimer, barón de Wigmore. Tras varios años presenciando los desencuentros que Isabel tuvo con distintos miembros de la corte, Mortimer decidió en 1323 oponerse a la familia Le Despenser, a lo que el rey respondió con su encierro en la Torre de Londres. Dadas las circunstancias, la reina decidió rescatar a su amante y huir juntos hacia Francia, donde contarían con la protección de su hermano, Carlos IV. Desde allí, orquestaron una rebelión que, finalmente, pudieron ejecutar con la ayuda del ejército de Guillermo I de Henao –semejante acometida debía ser pagada, años después, con el casamiento entre el futuro rey Eduardo III, y una de sus hijas.

La traición dio sus frutos en 1327 con el asesinato de Le Despenser y la abdicación del rey, que posibilitó a Isabel y a Roger Mortimer establecer un gobierno de regencia hasta que Eduardo III tuviera la edad para ser coronado. No obstante, en el momento en que este último tuvo capacidad de gobernar, así como también fue aconsejado por el círculo de nobles contrarios a Isabel, decidió exiliar a su madre y ejecutar al amante de esta, con el fin de no correr la misma suerte que su padre.

Claramente, podemos ver que la historia de Isabel de Francia es la que más similitudes posee con la de Cersei Lannister, hasta el punto de que la trama que rodea a esta última podría ser un calco de la primera. Ambas desarrollaron un odio hacia sus maridos que continuamente las despreciaban en público, lo que las llevó a orquestar una traición en favor propio utilizando a sus hijos como medio para conseguir el poder. Las dos sufrirían el revés por parte de la Corte, que apoyada en sus respectivos hijos las condenaría a castigos impropios de una reina. Teniendo en cuenta la realidad que hemos observado en la vida de Isabel, nos resulta mucho más fácil comprender la existencia de un personaje como Cersei en la saga de Juego de Tronos.

Margarita de Anjou (1430 – 1482)

Retrato de Margarita de Anjou

El último caso se encuentra a caballo entre la Edad Media y la Edad Moderna, pero sigue siendo muy ilustrativo de la realidad de muchas mujeres de la realeza medieval a las que no se acogió con cortesía, sino más bien con violencia y vejación. Margarita de Anjou tan solo tenía quince años cuando llegó a la Corte de Londres para convertirse en la esposa de Enrique VI y construir así alianzas entre Francia e Inglaterra.

Sobre sus hombros, llevaba la responsabilidad de garantizar con su matrimonio la paz tras la Guerra de los Cien Años. No obstante, las influencias que consiguió provocar en el rey le granjearon a su vez la enemistad de la nobleza inglesa, que la tachó de “intrusa” en la Corte, provocando de esta manera un conflicto en la política interna de Inglaterra.

Fue así como adquirió cada vez mayor protagonismo en la Guerra de las Dos Rosas, que comenzó en 1455 y se prolongaría hasta 1485. Lo hizo, en un principio, con el convencimiento de asegurar la permanencia de su marido en el trono. Más tarde, cuando este hubo sido depuesto como rey, la actitud que tomó Margarita fue la de proteger a su hijo de las políticas matrimoniales a las que le estaban sometiendo, tal y como se ve en el polémico caso del matrimonio concertado de Eduardo de Lancaster y Ana Neville:

Los motivos del conflicto residen en el comprensible odio y la desconfianza por parte de Margarita de Anjou hacia el padre de Ana, el conde de Warwick, que por otro lado era el único garante para que la casa de Lancaster recuperase el trono en 1470. Incluso después de consentir la cooperación con Warwick, siguió resistiéndose a casar a su hijo con la hija de su antiguo enemigo. Finalmente, fue persuadida por el rey de Francia para consentir la alianza, con lo que se acordó que la boda tuviera lugar en Amboise a primeros de agosto de ese mismo año, antes de que Warwick volviera a Inglaterra. Aun así, fue retrasada, probablemente porque Margarita siguió intentando evitar que su hijo se comprometiera con la hija de Warwick, y esperaba anular esta unión una vez que Enrique hubiera recuperado el trono.

Laynesmith, J. L. (2004). “Selecting Queens During the Wars of the Roses”, en Last Medieval Queens, 1445 – 1503, Oxford University Press, pp. 28–71

Es ante esta situación donde vemos una de los reflejos más característicos de Cersei Lannister: la leona que defiende a sus cachorros, puesto que estos son la única garantía de su permanencia en el poder. Añadimos, no obstante, el pequeño matiz de que, en todo caso, es la madre la que decide con quién casar a sus hijos. Una posición que refuerza la idea de autonomía respecto al monarca, no solo en el ámbito personal sino también en el político, por todas las consecuencias que podía acarrear negarse ante un matrimonio concertado, que en última instancia era la base de las relaciones diplomáticas de la época.

Bibliografía

Field, S. L. (2006). Isabelle of France: Capetian and Franciscan identity in thirteenth century. University of Notre Dame Press.

Pavlac, B. A. (2017). “Introduction: The Winter of Our Discontent”, en Game of Thrones Versus History, New Jersey: Wiley Blackwell, pp. 8-9.

Riveros, J. M. (2004). “Ana Comneno en el panorama de la cultura bizantina”, en Byzantion Nea Hellás, núm. 23.

Publicado por soyunzorrococlo

Soy graduado en Periodismo y Humanidades y actualmente me encuentro opositando para profesor de Historia y Geografía. He creado Babyloniak como un punto de encuentro entre una de mis grandes aficiones (los videojuegos y el anime) y mi futura profesión. Espero poder crear un lugar en el que nos deshagamos de los prejuicios sobre lo friki y lo otaku para conocer hasta qué punto las Humanidades están más presentes en nuestras vidas de lo que creemos.

Un comentario en “Cinco Cerseis en la historia medieval europea

  1. Me ha resultado muy interesante la entrada. Está claro que tenemos episodios de la Historia que le tienen poco que envidiar a la ficción. Además de facilitar datos verídicos, pones de relieve personales femeninos históricos de los que poco o nada se habla en los libros. Enhorabuena!

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